Increíble timidez la del eco.
No le gustan las multitudes; sólo responde a quien lo llama. Su voz es débil, como si lo intimidáramos: en apariencia, sólo se limita a repetir. No se deja ver, se esconde detrás de las montañas. De nuestras montañas.
Todos lo necesitan, nadie lo escucha. Lo llaman, al encontrarlo ignoran sus respuestas. Frases vacías acallan su voz; el paisaje distrae al remitente.
Tal vez intenta decirnos algo y no se lo permitimos. Tal vez deberíamos escucharnos la próxima vez que nos encontremos.
Increíble timidez la de nuestro eco.