Intentos literarios
 
Diario de kioscos

Es extraño, los kioscos de diarios constituyen mundos aparte. Tienen todo lo que un mundo aparte necesita:

Territorio. De espaldas a las calles (de nada les serviría apoyarse en las paredes, los únicos clientes que atraerían serían eventuales bicicletas, y todos sabemos lo tacaños que son los ciclistas), los kioscos de revistas se apropian de la vereda como si fuera suya. En realidad, son suyas: esperando sus presas, monopolizan el transito de manera ridícula.

Mandatario. Liderados por seres casi inertes cuya única función parece ser la de no conocer el objeto que estamos buscando, los kiosqueros (a quienes misteriosamente sólo conocemos gorra, cara y parte del cuello) lideran estos particulares puestos casi sin ningún apuro. Es más, tienen posgrados en paciencia: como ellos no son la verdadera atracción del puesto, para lo único que están entrenados es para actuar de intermediarios entre nuestro dinero y la revista deseada. Sin embargo, cumplen una silenciosa función que deriva en la tercer característica del mundo aparte.

Reglas. Sin necesidad de elegantes declaraciones de independencia o embelesadas constituciones, los kioscos de revista tienen reglas similares en la mayoría de los mundos aparte, “dictadas” por los homogéneos personajes de gorra, cara y cuello. Debido a las complicadísimas características políticas de este asunto, no la explicaré ni un poco. Se quedan con la duda.

Habitantes. Además de los homogéneos, existen tres tipos de personajes en estos mundos aparte. En primer lugar, aquellos que los persigue el tiempo. Como no pueden dejar que los alcance y les muerda la parte inferior de la espalda, no se detienen a observar la principal atracción de la vereda; de manera casi sobrenatural, observan todas las novedades del puesto sin detenerse. En segundo lugar, aquellos que si se detienen. Atraídos por alguna novedad, este tipo de habitante es el menos deseado por los homogéneos: ocupan lugar, hojean todas las revistas que tienen en mano y se van como si nada, sin aportar ni un centavo al mundo aparte. Y en último lugar, los escasos que pasan, se detienen y efectivamente aportan.

Territorio, mandatario, reglas y habitantes nos llevan a conclusiones casi darwinianas: como el porcentaje de habitantes del primer y segundo tipo es muchísimo mayor que el que le corresponde al tercero, estos monstruos verdes, metálicos y chillones de la vereda están en irremediable extinción. O peor: están evolucionando para someternos. Cuidado.

 
Comments:
Y si se extinguen a quién le voy a preguntar si sabe dónde para el colectivo?!!??!EH?!?! :(
 




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Agustín Capeletto
minotopo@msn.com

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