Acostado en mi cama espero. Estoy harto, ¿Otra vez vigilia? ¿Para qué? Aburrido, investigo el techo. Nada nuevo, siempre igual. Algunos huecos, unas pocas telarañas; ninguna novedad. Desanimado, miro fuera. Nada. Envidio esos árboles dormidos. ¿Qué soñaran? Desisto; ninguna novedad. Desesperado, miro el único lugar aún despierto: dentro. Inevitablemente despiertos, vuelan sin saber lo que me causan. Se ríen, disfrutan de mi atención. Me concentro, los odio, siguen allí. Me persiguen recuerdos. Me alcanzan. Molestan. Mañana los resuelvo, ya no molestarán. Mañana, cuando intente dormirme. Ya no molestarán. Nunca más. Mañana… ¿duermo?