Intentos literarios
 
Inconclusas

Somnolienta, abre una vez más el libro que tanto disfruta. Lo hojea tranquila y elige al azar los mundos que quiere visitar desde su cama. Sin apuro, comienza su viaje debajo de las sabanas. De repente ya no es ella.

Cabalga a través de árboles cansados, maravillada por eucaliptos sinuosos, caminos lejanos. Cientos de tonos y aromas la confunden hasta que lo escucha. Galopa desesperada: crines negras la persiguen. No puede alejarse, retumban cada vez más cerca. Ensordecen. La alcanzan, siente terror. Tropieza y cae: ya no más árboles cansados ni crines ensordecedoras.

Espera en una sala ocre, desierta. Un ambiente gélido, solitario. Solo la silla en la que espera sentada y la puerta que parece abrirse la acompañan. No puede quitar su vista del cerrojo, rompe la constancia de la sala. Se acerca temerosa a la luz que se escapa de él: un pasillo blanco, luces intermitentes; nada interesante. Vuelve a sentarse, escucha pasos. Retumban cada vez más cerca. Corren, desesperan. Llegan a su puerta y lentamente, la empujan. Cierra los ojos, siente terror: ya no más salas gélidas ni pasillos intermitentes.

Camina en un mundo sin sombras, sin refugios para los que los buscan. Nadie puede esconderse, nadie puede ocultarse; todos se muestran como son. Siente terror.

Guarda el libro que tanto disfruta debajo de su cama y se acuesta. Le encanta escribir historias inconclusas para soñar su final. Incluso pesadillas.

 
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Agustín Capeletto
minotopo@msn.com

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