Rodeadas de liquido, nacen y comienzan su camino: crecen, tropiezan, maduran (el orden puede variar, y varía). En el trayecto, cambian rumbos y superan obstáculos; incluso obstaculizan rumbos cambiados. Aun así, su destino es siempre el mismo: explotar.
Mueren intentando vivir. Viven intentando morir. Suerte que no somos burbujas.